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La tensión de la adolescencia de Tomás llega a un punto de no retorno cuando viaja con su familia al pequeño pueblo de veraneo en el que suelen pasar las vacaciones. Todo empieza a suceder de pronto como en un encadenamiento inaplazable: el descubrimiento del sexo y de la violencia, la muerte, la transgresión… Tomás se descubre a fogonazos, como si no pudiera evitar que su inteligencia fuese un paso por detrás de sus acciones, hasta que la dinámica de las cosas le lleva a participar en un acto que no puede perdonarse a sí mismo. Es entonces cuando se siente obligado a sentarse frente a la única persona que le puede juzgar y perdonar. Agosto, octubre es una de esas novelas que tiene el valor y la maestría de agarrar del cuello a esa edad tan ambigua, desprotegida y violenta de la adolescencia. Andrés Barba resuelve el tapiz con la maestría psicológica que le ha convertido en uno de los escritores de referencia de su generación: un cóctel explosivo entre el Pavese de El bello verano y los adolescentes de Gus Van Sant en Elephant.
«La invisibilidad de los sentimientos morbosos es un territorio natural de Andrés Barba y lo ha recreado ya en varias novelas estupendas, desde La hermana de Katia hasta las "niñas luminosas y oscuras" que protagonizaban otra novela breve del autor, Las manos pequeñas... La estructura de la nouvelle es clásica pero el pasadizo interior a lo morboso que tanto le gusta a Barba opera por debajo de la piel, porque es ahí donde va a ir conociéndose el adolescente» Jordi Gracia, Babelia, El País.
«El complejo, y a veces turbio, mundo de la adolescencia, que refleja en su última novela, evoca al Cesare Pavese de El bello verano... Andrés Barba tiene ya acreditado que narra como pocos las edades de la niñez y la adolescencia; también ha demostrado su perspicacia psicológica, y Agosto, octubre puede considerarse la cima de ellas» José María Pozuelo, Abc.
«Agosto, octubre se centra sin concesiones en ese trecho en que un muchacho se hace mayor y descubre en toda su dimensión los grandes secretos de la vida... En su aparente simplicidad se halla el acierto de esta novela en la que debe subrayarse el mérito de su originalidad: un sorprendente desarrollo anecdótico consigue reinventar un lugar común» Santos Sanz Villanueva, El Cultural, El Mundo.